domingo, 1 de junio de 2014

EL INDIGENISMO LITERARIO DE JORGE ICAZA EN ECUADOR

En 1934, el actor dramático Jorge Icaza (1906-1978), medianamente conocido como cuentista y autor de piezas teatrales, publica la novela que marcará a una generación de escritores indigenistas: Huasipungo. Junto con el peruano Ciro Alegría, autor de El mundo es ancho y ajeno, Icaza recibe el reconocimiento como autor destacado de un género literario centrado más en la denuncia social que en la calidad estética del relato.
Sin embargo, la novela indigenista ya llevaba varias décadas de escritura en América Latina. Desde Aves sin nido, escrita en Perú en 1889 por Clorinda Matto de Turner o Wauta Wuaru, escrita en Bolivia por Alcides Arguedas, el género alcazaba cierto grado de marginalidad dentro de la literatura. Pero Huasipungo pronto logra ocupar un lugar destacado al recibir el premio de mejor novela hispanoamericana en un concurso organizado en Buenos Aires por la “Revista Americana”, apenas un año después de su publicación.
La novela posee todas las fortalezas y debilidades de su género, y a pesar de que en Ecuador para entonces ya se conocían monografías e incluso ensayos reconocidos sobre los indígenas rurales como el de Pío Jaramillo publicado doce años antes de Huasipungo, el “problema indígena” se convierte en elemento central latinoamericano con la novela y las artes indigenistas y salta a la conciencia de los intelectuales a través de este género.
Huasipungo es la primera novela de Jorge Icaza. En ella aborda el mundo de la Hacienda, un mundo rural que conoció en su infancia, pero del que se alejó al regresar a Quito a hacer sus estudios en un colegio de frailes y luego en la Facultad de Medicina que abandonó para hacer cursos de Arte Dramático en el Conservatorio Nacional.
Huasipungo, como todas las novelas indigenistas, fue escrita por un escritor provinciano que luego se desvincula del contacto directo con los mundos que describe. Pero si en algunos autores la separación implica una forma de idealización cercana a la novela romántica y al costumbrismo, en Icaza la narración se torna realista y descarnada. El destino de sus personajes se pone en escena por la voluntad extranjera de convertir la hacienda y sus huasipungos en lugares de explotación maderera y petrolera, cedidos a inversionistas norteamericanos.
Esta voluntad omnímoda de “progreso” representada por los extranjeros y provechosamente asumida por las élites quiteñas, hace que el gran patrón de la hacienda Cuchitambo, don Alfonso Pereira, aparezca como un títere que debe cumplir con las exigencias del poder, en este caso, construir una carretera y desalojar a los indios de sus huasipungos. Allí, la noción de progreso nacional choca con las relaciones tradicionales de la Hacienda, profundamente injustas y coloniales, donde por el trabajo anual de los indios, éstos reciben un pedazo de tierra que pueden explotar, aunque siga perteneciendo al patrón. Estos terrenos conocidos en el mundo indígena como huasipungos y en Colombia como terrajes, se convierten en el único lugar de afianzamiento de la individualidad indígena, del único lugar de dignificación.
Frente a la corrupción quiteña, con sus señoras elegantes que son amantes de los curas, y sus doncellas embarazadas por cholos mestizos, el huasipungo de Andrés Chiliquiga aparece cándido y humilde. Allí vive a orillas del río junto con la Cunshi, su compañera, y el perro (ashco) y las gallinas (gashinitas) y los cuyes, y más adelante, hacia la mitad de la novela, aparecerá el guagua. Contra esta sencillez e indefensión se organiza toda la trama del poder local escenificado en las figuras del patrón grande, el mayordomo, el alcalde y el cura.
En la hacienda de Cuchitambo don Alfonso Pereira deja de ser títere y se convierte en orquestador de la trama de despojo que viven los indios de los huasipungos, frente a la indiferencia total que su suerte genera entre los mestizos (cholos) del pueblo de Tomanchi, apenas un poco más blancos, menos indios, que los runas de la hacienda.
De esta forma, el autor comienza a poner de presente todos los elementos que caracterizan a Huasipungo como novela: un énfasis en la construcción de personajes estereotipados cuyas motivaciones parecen sencillas: el patrón quiere construir una carretera para cumplir con las exigencias del inversionista Mr. Chapy. Andrés Chiliquinga quiere estar en su huasipungo en compañía de su Cunshi, su guagua, su perro y sus gashinitas. En esta simplicidad arrasadora y arrasada reside la fuerza de la denuncia social. Tras cada capítulo, el absurdo de la dominación que viven los indios parece llegar a su último límite, sólo para ser superado en el siguiente apartado por un hecho aún más cruel.
Este pesimismo de Icaza se ratifica en la incapacidad de los indios para articular una respuesta frente a la dominación: resisten individualmente apelando a los métodos que la dominación colonial ha puesto a su alcance: el endeudamiento a través de préstamos, la súplica y la resignación. Andrés Quilichinga no parece pertenecer a una comunidad, como los demás huasipungueros trabaja bajo el control del administrador Policarpo, pero si bien la dominación es colectiva, la forma en que los indios resisten cada día parece desprovista de solidaridades, de lazos familiares o comunitarios. Este detalle de la narración bien puede corresponder a un interés manifiesto de Icaza por mostrar sociológicamente la carencia del indio para resistir a la dominación. Pero igualmente se puede decir que proviene de su desconocimiento real del mundo indígena sobre el cual pretende hablar.
Para ratificar aún más la fuerza de su denuncia, los escritores indigenistas crean una compleja construcción de voces en el relato a través de las cuales demuestran conocer las situaciones que describen, muestran que han accedido a ese mundo de explotación y dolor. En Jorge Icaza, este conocimiento del mundo indígena se expresa a través de un lenguaje cargado de expresiones en quichua, que pone en boca de los personajes indígenas para diferenciarlos del lenguaje de los cholos. Este procedimiento narrativo hace necesario un extenso glosario, que será una de las características comunes a toda la novela indigenista.
Se puede leer el artículo completo en el siguiente enlace:

1 comentario:

  1. Jorge Icaza escritor ecuatoriano y el peruano Ciro Alegría, nos presentan en sus obras un referente muy importante para adentrarnos a conocer la vida de explotacion, humillación de los indigenas.

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